Arq. Raluca Pascu
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Paraguay, país ubicado en el centro de la América del Sur, aloja el mundo de los últimos “hijos del bosque”, los indígenas guaraníes, un mundo que vive entre el pasado y el presente. Desde algunos años las condiciones socio-económicas del país obligan a los indígenas de desplazarse hacia las ciudades en búsqueda de alternativas de sobre vivencia.
Una interpretación mas profunda de esta migración, podría ser la reiteración del concepto tradicional guaraní de la búsqueda de la “tierra sin mal” que simbolizaba la aspiración a una vida mejor y que era la causa espiritual de su espíritu migratorio.
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La comunidad “Cero Poty” es una agrupación de indígenas de diferentes etnias de la gran familia guaraní, que se estableció en la periferia de la ciudad de Asunción.
En los inicios, esta comunidad contaba un número reducido de indígenas, refugiados de las calles de la capital. Pero la comunidad creció poco a poco por migraciones posteriores y esta compuesta hoy de 21 familias, aproximadamente 100 personas, de cual la mitad son niños. El equipamiento de la comunidad es mínimo. No existe un centro medico, ni acceso a una línea telefónica, por ejemplo. Pero los indígenas han construido, con sus propios recursos y algunas ayudas dirigidas hacia la educación, una escuela, situada simbólicamente en el centro mismo de la comunidad.
La ubicación de la comunidad en la proximidad del vertedero “Cateura” de la capital, es muy significativo porque esto representa el “lugar de trabajo” principal de los indígenas, donde en condiciones indignas y sobre todo insalubres recuperan basura posible para reciclar y revalorar en forma de poco dinero.
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Para ofrecer un proyecto con una lectura fácil para los indígenas, era necesario de tener en cuenta su cultura y su práctica del espacio.
Un concepto tradicional que habla mucho de la mentalidad guaraní y de su visión sobre la tierra y la espacialidad, es la noción de “tekoha”. El “tekoha” representa el lugar que ofrece las mejores condiciones para que el modo de vida pueda desarrollarse en todos sus aspectos.
Los indígenas guaraníes, vivían tradicionalmente en viviendas colectivas nombradas “maloca”, o “oga”, en el cual se alojaban varias familias. Este tipo de edificación es un símbolo de la vida en común, y representa un ejemplo inédito en la historia de la vivienda.
La tipología de la vivienda guaraní, tanto como la organización socio-económica o el modo de vida en general, han sufrido cambios inevitables durante la colonización. Los planos de las “reducciones” jesuitas interpretan la organización de las comunidades guaraní y las adaptan a un nuevo funcionamiento.
A partir de un proceso de análisis y de investigación, que incluye la percepción y la comprensión de una cultura tan diferente, en paralelo con las pautas económicas que se imponen en la realización de este proyecto, mi intención es de proponer una arquitectura adaptada, que responde a las necesidades de esta comunidad y que estimula uno estilo de vida característico. Esta arquitectura quiere ser también una arquitectura autosuficiente, que pueda ser realizada con o por la gente beneficiada, con los recursos existentes y con una puesta en obra de técnicas adaptadas.
El proyecto desarrolla el concepto de ”la casa progresiva”, que permite costes de construcción iniciales muy bajos. Por comenzar se propone una “vivienda techo” que se va a terminar posteriormente en otras etapas de autoconstrucción.
El sistema constructivo propuesto es un sistema simple, de pilares y vigas en madera de “karanday” una especia de palmera de replantación, utilizada frecuentemente en las construcciones ligeras en Paraguay.
La madera se utiliza luego de un sencillo proceso de curado, y el sistema esta concebida en función de las dimensiones del material (máximo 6 m de largo y 15-20 cm de diámetro) El techo esta en una sola pendiente, y permite una economía de material para la estructura y facilita el reciclaje de agua de lluvia.
En una segunda etapa las paredes de las casas pueden ser cerradas en función de varias técnicas y de las posibilidades. El método que se propone aquí es una técnica tradicional en América del Sur, el “tapial” que consiste en un sistema de premarco de madera, relleno con una mezcla de tierra, fibra vegetal y agua, y revocados con una mezcla de cemento arena y agua.
La unidad de habitación que corresponde a una familia puede ser ampliada o aparejada a otras unidades para realizar una economía de materiales. A cada vivienda le corresponde un espacio de galería cubierta que prorroga el espacio interior, y el que por la asociación de varias unidades de habitación, crea un corredor sombreado.
Otra técnica utilizada es la de la tierra compactada, una técnica tradicional pero modernizada, adecuada para la autoconstrucción y muy eficaz por sus cualidades térmicas. Es un sistema de paredes portantes que no permite la construcción en etapas pero se adapta bien en la realización de la escuela que se puede edificar por aulas. Esta técnica se realiza a partir de encofrados de madera que se fijan en la pared misma en el mismo tiempo esta se edifica, por capas sucesivas de 20 centímetros, aproximadamente.
Las condiciones climáticas específicas subtropicales han influenciado en la reflexión sobre el sistema constructivo, y en especial sobre las aberturas. En este clima se necesita un sistema flexible que permita una ventilación cruzada pero que se pueda aislar completamente durante los días de frío o lluvia. En el mismo tiempo, la utilización del vidrio no se recomienda dado el coste muy alto. El proyecto propone un sistema de persianas en madera, fácil a fabricar, que se puedan maniobrar manualmente y que permiten justamente esta flexibilidad.
En función de las programas el sistema toma aspectos diferentes y se adaptan a la especificidad de cada uno.
En lo que concierne la distribución de los espacios, en función de su carácter, publico o privado, de circulación, de producción, la propuesta mantiene la distribución existente: los espacios de viviendas distribuidas a la periferia, y en el centro el espacio comunitario. La circulación conserva su carácter de articulación entre los espacios de alojamiento y el espacio publico.
Esta propuesta, luego de haber pasado por el filtro de la sistematización y de la organización del espacio, vuelve a dibujar el plano existente de la comunidad. Esta organización permite pensar una mejor gestión del agua y de la energía eléctrica, en todo el sitio de la comunidad, y también una reestabilización del espacio para la producción de los recursos de subsistencia.
Se trata de un proyecto social que se realizara en función de los financiamientos posibles que seguramente se obtienen en varias etapas y en pequeñas cantidades. En consecuencia, debe considerarse una realización por etapas, no solamente para cada uno de los edificios sino para toda la comunidad.
Para el éxito de este proyecto es imprescindible la sensibilización y la responsabilizacion de los habitantes de la comunidad. Es necesario también, informar a los habitantes sobre el uso racional y correcto del agua, sobre las condiciones correctas de reciclaje, higiene y uso de los bloques sanitarios.
De este modo, el desarrollo de este proyecto en la comunidad, permitirá ofrecer a sus habitantes los conocimientos y los medios para mejorar ellos mismos su producción económica y la de su vivienda. Elaborando un prototipo de habitación, inspirado en los elementos tradicionales del modo de vida guaraní.




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